
Así pueblan los corredores los montes de Ladreo (578 m), El Toral (897 m), Mozagro (886 m) y Antenas de Ibio (796 m) en la noche próxima a San Juan (20 de junio en esta ocasión) para cubrir una distancia de 40 km. y +2600 m en la modalidad reina, mientras que los menos ambiciosos dispusieron de una modalidad de 20 km. Tengo que reconocer que yo hice la carrera a modo de entrenamiento la misma tarde, regresando justo para ver la salida de los corredores, puesto que personalmente aún no me ha atraído lo de correr de noche y con la escasa luz de un frontal, lo que conlleva perderse uno de los grandes atractivos de este deporte, que no es otro que el paisaje. Ello no obsta para que considere que se trata de una experiencia diferente y por tanto capaz de resultar atractiva por la consecución de un reto diferente a los habituales. Y ciertamente es un reto muy exigente, porque el recorrido presenta un trazado de fuerte desnivel y recorrido muy técnico que apenas deja espacio a la recuperación. Quien se fije en el perfil podría pensar en la dificultad de las fuertes subidas, pero lo cierto es que las bajadas presentan tanta dificultad y dureza como aquellas.
La carrera se saldó con la victoria de Santi Obaya (5:00:22) en un apretado final junto a Fran Piñera y Marcos Santiago, ya que tan solo unos pocos segundos separaron a los tres primeros. En mujeres la victoria fue para Silvia Trigueros (6:22:00) seguida a 40 minutos de Maria Jesús Gómez y Virginia Traspuesto. En la modalidad corta de 20 km. los ganadores fueron Leopoldo Balbás (2:46:29) y Paula Mayobre (3:17:14).
Una puesta en escena, con una meta multicolor completaron la propuesta de una excelente organización que, según me comentan, cumplió perfectamente con todos los requisitos técnicos y de avituallamiento. Lástima que muchos corredores no estuvieron a la altura y dejaron un reguero de desperdicios en el itinerario, complicando mucho la gestión de estas carreras que deben velar por el menor impacto ambiental.